19 ene. 2015

Pollas graníticas como indicadores paleoclimáticos

Y este segundo post responde al desafío que lanzaron en twitter Francis Villatoro y Arturo Quirantes con el #lunestetas y que se ha plasmado ahora como un #lunespollas.
Desde que el hombre actual se forjó como especie y, seguramente también, en algún ancestro de nuestro linaje evolutivo, son numerosas las representaciones de penes, pollas, falos, o como lo queráis llamar, realizadas en piedra, como veneración, culto y rituales mágicos, en torno a la fertilidad masculina. Diversos monolitos y dólmenes, repartidos por el planeta, así lo atestiguan, llegándose también a construir santuarios dedicados al culto del miembro viril.



También la naturaleza ha querido participar de este homenaje a las pollas, modelando de manera caprichosa, sobre todo, rocas sedimentarias, dotándolas de un aspecto fálico, en ocasiones, muy realista. Este modelado está relacionado con la denominada erosión diferencial sobre materiales heterogéneos, en cuanto a dureza principalmente, produciendo las espectaculares chimeneas de hadas.




En otras ocasiones, es la lenta precipitación del carbonato cálcico, la que ha fabricado estalactitas con forma de enormes glandes, como podemos observar en la sala de los desnudos de la Gruta de las Maravillas en Aracena (Huelva). Yo diría, por el tamaño, que algunas tiene prepucio, pucio y postpucio.
  
Tal es la fascinación que nos producen, que muchos países están empezar a promocionar rutas de turismo falopétreo, donde inmortilizarse en distintas poses.



En este artículo, quiero centrarme en estas pollas pétreas, sobre granito, que también podemos encontrar en la península ibérica. Alguna de ellas no es fruto de esta erosión diferencial, como por ejemplo la siguiente imagen, que se tomó en Galicia mientras un helicóptero sobrevolaba el río Abadín. Me imagino la cara del piloto cuando miró hacia abajo.


Bueno, centrándonos en la erosión diferencial del granito, primero debemos hacer referencia a su composición mineralógica. Los minerales que componen una roca granitoidea no tienen todos la misma capacidad de resistencia a la meteorización. Dicha resistencia está en relación inversa o directa, respectivamente, con el momento de segregación o formación al enfriarse la masa magmática; los que antes se forman, al estar más alejados de las condiciones de presión y temperatura que rigen en superficie, se alteran antes y viceversa. Por tanto, el cuarzo será el que controle la resistencia de la roca y la biotita su debilidad. De este modo, domos, crestones y berrocales tienen mayor tendencia a permanecer donde la ausencia de biotita es notable.
En el caso de los granitos en forma de pollas, podríamos asegurar que presentan abundante biotita, lo cual facilita la acción de la meteorización. Humedad y temperatura son los dos factores climáticos que controlan la meteorización tanto en su cualidad como en su intensidad. Estas pollas sólo se han podido originar en condiciones de agua abundante y temperaturas ligeramente altas, que pueden llegar a producir una gran transformación en la roca, como consecuencia de las modificaciones químicas de los minerales originales que pasan a dar otros tipos de minerales conocidos como de neoformación. En estos granitos, se producen por hidrólisis (descomposición de los minerales silicatados por efecto el agua ionizada). Ello implica la desilificación, en forma de ácido silícico, la formación de minerales silicatados más sencillos (del grupo de micas y arcillas) y la formación de óxidos, hidróxidos y carbonatos. Todo ello nos sugiere que cuando nos encontramos con pollas graníticas, podríamos presuponer que esa zona, al poco tiempo de aparición de las masas graníticas en superficie, tuvo un clima de tipo tropical (gran humedad y temperaturas suaves) que favoreció los procesos químicos que dieron lugar a esas formas tan caprichosas.
Como ejemplo adjunto dos imágenes de dos rocas que me he encontrado en mis paseos por el municipio de la sierra madrileña donde vivo.


Es curioso como a partir de una polla granítica se puede deducir el paleoclima de una zona.
Bueno, con esto finiquito mi participación en el #lunespollas, pero dejo una última reflexión. Por primera vez, podemos encontrar pollas en otros planetas. Si el ser humano, a través del rover Curiosity, tenía que dibujar algo en Marte, lo primero tenía que ser: "una gran polla". Nuestro legado.



12 ene. 2015

Improntetasa

Después de algo más de año y medio sin escribir ninguna entrada en este blog, me he decidido en respuesta al desafío que han lanzado en twitter Francis Villatoro y Arturo Quirantes con el #lunesTetas.
Cuando pensé sobre qué iba a escribir, lo primero que me vino a la mente fue Konrad Lorenz y sus estudios sobre la impronta. Desde un punto de vista biológico se define impronta como el "Proceso de aprendizaje que tiene lugar en los animales jóvenes durante un corto período de receptividad, como consecuencia del cual aprenden una serie de reacciones estereotipadas frente a un modelo". Quisiera establecer esta relación entre tetas e impronta, ya que es indiscutible el efecto que producen las tetas en el ser humano, alcanzando un protagonismo con el que no ha rivalizado ningún otro órgano, incluido el cerebro.
La pregunta sería ¿por qué son tan importantes las tetas en la etología del ser humano?. Eso me ha llevado a pensar en la posibilidad de que sea la impronta la que condiciona tal protagonismo. En la mayoría de las ocasiones, la primera imagen que focaliza el ojo del recién nacido es la teta materna. Es, en ese preciso instante, cuando se deben desencadenar en el cerebro del bebé los mecanismos asociativos de teta-alimento-supervivencia. Y ese vículo se reforzaría con la lactancia.


Como complejos sistemas multienzimáticos que somos, tal mecanismo asociativo debe estar regulado  por alguna molécula, a la que he bautizado (licencia del autor) como "Improntetasa".Y voy más allá en mi fabulación. Dicha molécula se sintetizaría en el sistema límbico en alguna zona cercana a la amígdala cerebral, lo cual contribuiría a relacionar la imagen de la teta con la memoria, atención, instintos sexuales y emociones.
Todavía queda mucho por investigar con respecto a la impronta etológica en el ser humano, por eso esta utópica hipótesis de la improntetasa, se podría llevar a cabo comparando la atracción que ejercen las tetas entre individuos que tuvieron una lactancia normal y otros que no tuvieron contacto ni lactancia materna.
Sigamos con la hipótesis. Esta impronta de la teta se mantendría intacta en los primeros años de vida del ser humano y posteriormente modificada durante el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios. En ambiente hormonal de estrógenos, la imagen de las tetas se comenzaría a relacionar con estatus social. Para las adolescentes, tener las tetas grandes se asociaría a obtener un mayor éxito, protagonismo y atractivo social, por eso también es normal en las mujeres, mirar las tetas vecinas y establecer comparaciones y rivalidades.


En cambio, en un ambiente de testosterona, la imagen de las tetas empieza a adquirir fuertes connotaciones sexuales, manteniéndose su vínculo con el sistema límbico, lo cual causaría la influencia que todos conocemos, en el comportamiento masculino. Es difícil para un hombre apartar la vista de unas tetas o un canalillo sugerente, resultando inútil al neocórtex controlar la situación hasta que no desaparece el estímulo visual.


Perdonadme la poca rigurosidad científica de este post, pero las risas que me he echado escribiéndolo, no me las quita nadie.