25 nov. 2009

Sorpresa evolutiva



Hace ya una semana, ante mis ojos, apareció en el recreo, en todo su esplendor, un espécimen que la comunidad científica creía extinguido.

En la década de los 90, el yacimiento burgalés de Atapuerca ha deparado hallazgos asombrosos que han modificado el conocimiento que teníamos hasta el momento de nuestra evolución. Sin duda, los restos hallados de 23 individuos en la sima de los huesos, corespondientes a Homo heidelbergensis, con una antigüedad de 300000 años aproximadamente, han supuesto un mejor conocimiento de los ancestros de los neanderthales.

Pues allí estaba el espécimen y !vivo!. Calculé que debía rondar los 13 años. Lo había atrapado un profesor, saltando la valla durante el recreo, junto con otro individuo poco más evolucionado. Su entrecejo, arcada supraorbitaria, capacidad intelectual reducida y el habla gutural me lo confirmaron: era un heidelbergensis. Me traté de comunicar con él, pero el abismo genético entre nuestras especies no me permitió conseguirlo.

Me fijé que las hembras de sapiens que había alrededor, no lo encontraban muy atractivo y, eso que llevaba la bragueta abierta.

Todavía me invade la emoción del encuentro. Ver cara a cara a un antepasado evolutivo es algo que no se olvida fácilmente.

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