El pasado jueves realizamos una excursión que, de antemano, no nos ofrecía mucha seguridad de éxito, por la lejanía de los dos lugares a visitar. Tardamos 3 horas en llegar a Los callejones de Las Majadas. Durante el trayecto en el autocar el comportamiento de los alumnos fue impecable, sin ningún atisbo de protestas o malas caras cada vez que cogía el micrófono y tomaban nota.
Ya en los callejones pude empezar a percibir caras de agrado y asombro ante el paisaje que se ofrecía a nuestros ojos. Con entusiasmo, serpenteaban entre las rocas y adentraban en alguna sima o grieta.
He de confesar que he disfrutado mostrándoles los distintos rincones de ese paisaje tan espectacular. Nunca deja de sorprenderme esa silenciosa lucha entre la roca y el agua. Me emocionan esos pétreos titanes, testigos de un pasado marino remoto.
Después de una agradable comida con mis compañeros, bajamos a ver las torcas en el monte de los Palancares.
Otra vez pude observar el asombro en sus miradas y, después de pasar el ratito de susto, de rigor, en la espectacular Torca del Lobo nos dispusimos a volver.
De nuevo, el comportamiento fue muy positivo, a pesar que un inofensivo cerambícido quiso venirse desde Cuenca, hasta Villalba.
Creo adivinar que, a pesar de las casi 6 horas de autobús, la geología de este rincón de Cuenca les ha impactado y que lo guardarán en un rincón de su memoria.
Hacía años que no venía tan contento de una excursión. Gracias a todos.